22 de marzo de 2009

Recorrido por Arantzazu y campas de Urbia

22 marzo 2009

A medida que van pasando los días y el tiempo lluvioso ha dado una tregua resultó que inesperadamente fui a hacer un recorrido por Arantzazu. Era la primera vez que me acercaba a esa zona de Gipuzkoa y realmente quedé gratamente sorprendida. El paseo cumplió con creces las expectativas, no sólo por lo que pude contemplar sino por la grata compañía de los amigos.

Hayedo mágico camino a las campas de Urbia.

Se sube desde Oñate hasta el aparcamiento del Santuario de Arantzazu y aquí iniciamos el camino que sube hasta las campas de Urbia, el itinerario no tiene pérdida una vez tomada la pista que sube tras pasar una verja. La niebla apenas me deja ver el barranco, y lo que sí observo es el hayedo, surgen entre la niebla esos árboles del bosque mágico, ¿mágico de Rivendel?, veo algo de nieve, todavía quedan zonas resguardadas sin derretir de las últimas nieves caídas. Cuando llegas arriba, al llano, tras una última subida más fuerte, el paisaje va formándose entre la niebla, los árboles jalonan el recorrido haciendo un pasadizo que te va adentrando y se llega una ermita. Pasada ésta, se llega a otra edificación la fonda Urbia, que ya tiene esperando sus mesas y sillas para acoger a los cansados andarines.

Barranco frente al Santuario de Arantzazu

Cuando la niebla va disolviéndose el paraje es espectacular, se ven las cumbres a la izquierda del Arbelaitz, del Aitzkorri, allí subirán los más mendizales, los demás dando un pequeño paseo vemos que nos encontramos ante un dolmen, el de Kalparmuñobarrena, si remontamos la mirada hacia atrás en el tiempo uno se puede imaginar a los hombres que vivirían aquí enterrando a sus muertos. Esta estación megalítica de Aizkorri es la situada en lo más alto de Gipuzkoa, hacia los 1100 metros y está compuesta por 5 dólmenes, 3 túmulos y 1 menhir.

Dolmen de la estaciónmegalítica de Aizkorri

Como siempre me quedo atrás maravillada por las cosas sorprendentes que me encuentro por donde paso y ya bajo casi corriendo hasta el Santuario de visita obligada.

Piedad en la fachada de Arantzazu. Obra de Oteiza

Arantzazu es la casa de María reza el tríptico que te ofrecen los franciscanos del lugar. Es un lugar de peregrinaje y la virgen es la patrona de Gipuzkoa. Resulta curioso conocer los orígenes, en el año 1468 un pastor que guardaba cabras de su casa en las faldas de la montaña, Rodrigo de Baltzategi, se encontró la imagen de la virgen María, sobre un espino (de ahí viene el nombre euskaldun, puesto que Arantzazu no es otra cosa que “tu en el espino”), una imagen muy pequeña y a su lado una campana. Cuando bajó al pueblo y explicó lo ocurrido, todos subieron al lugar y se construyó una primera ermita que luego se hizo santuario como Casa de María. Los hermanos franciscanos llegaran hacia el año 1499 a custodiar el santuario y se sabe por escritos que San Ignacio de Loyola peregrinó al lugar hacia 1520, velando una noche a la imagen.

Vista de Aranzazu bajando de las campas de Urbia

El caso es que el lugar en estos 500 años ha sido reconstruido en diferentes ocasiones por diversos motivos y en los años 50 se construye la basílica como la contemplamos hoy en día. El templo además de religioso es vanguardia contemporánea. El hacer ese edificio en 1950 por los que hoy son artistas consagrados tiene su mérito. Sorprende la arquitectura del edificio, las torres de piedra labrada en punta de diamante, es la imagen del espino, de los arquitectos Sáenz de Oiza y Laorga. En la fachada se encuentran 14 apóstoles, los dos centrales se miran, éstos situados al pie de la Piedad que tiene a su hijo muerto a los pies, obra de Oteiza. Las puertas de hierro son obra de Chillida. La cripta está decorada con murales de Nestor Basterretxea. En el interior de la basílica se respira un ambiente austero, de frente un mural labrado de madera de proporciones gigantes al compararlo con la figurita que alberga custodiándola, la imagen de la virgen y el niño que encontró el pastor, (mural de Lucio Muñoz) y dirigiendo la mirada a los lados se encuentran unas magníficas vidrieras (Xavier Alvarez de Eulate).

Vista de los 14 apóstoles de Arantzazu. Obra de Oteiza

Un día sin desperdicio y que da pie para volver a profundizar.

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