11 de septiembre de 2009

Reserva nacional Samburu Búfalo springs. Kenya

11 septiembre 2009
Yo quería que Kenya me sorprendiera y por eso casi ni miré los lugares que iba a visitar. Ahora que los momentos vividos van haciendo poso en mi memoria, me doy cuenta de que Samburu es único y excepcional. Viendo las imágenes tomadas, repaso uno a uno los lugares por los que pasé y sus moradores y nunca hubiera pensado que en semejante paraje desértico habría tanta diversidad.
La reserva de Samburu, situada al norte de Kenya por encima del ecuador, es una sabana árida de espinos, matorral seco y salpicado de acacias achaparradas y dispersas. Con esta descripción no parece probable que el paisaje sea sugerente, pero a mis ojos estos elementos se funden en unos colores magníficos, unos ocres con mil tonalidades de grises que contrastan con el verde de las acacias paraguas. Las zonas húmedas de la reserva bañadas por algún pequeño río son vergeles donde abunda mayor vegetación y se pueden ver palmeras doum, esas palmeras que son las únicas que poseen ramas. Cuando se asoman nubes en la reserva y ensombrecen algún trozo de terreno el cielo adquiere ese contraste azul grisáceo digno de ser representado y al caer el sol los púrpuras y violetas dan un toque al atardecer difícil de olvidar.
En esta reserva se observan animales que son muy difíciles de ver en otros lugares o incluso que son únicos de la zona, se dicen los "cinco de samburu" y que no hay que dejar de ver si se visita esta zona. LOS 5 DE SAMBURU
El Oryx beisa (Orix gazella) es un gran antílope, robusto y de cuernos rectos. Lo que más me sorprendió es la máscara facial blanca y negra que porta. Se observan bastantes ejemplares en las zonas áridas.
La jirafa reticulada o de Samburu (Giraffa camelopardalis) es una jirafa que sólo se encuentra en este entorno y que presenta manchas grandes y de dibujo claro y fino. Es gran comedora de las hojas de acacias espinosas.
La cebra de Grevy o cebra real (Equus grevyi). Es una cebra muy elegante si la comparamos con la cebra común que también se localiza en esta reserva. Tiene las rayas muy finas, verticales en el cuerpo y horizontales en las patas. Es curioso que las rayas de las cebras sean como huellas dactilares, no hay dos iguales.
El gerenuk (Litocranius walleri) es ese antílope jirafa, muy esbelto y elegante que tiene las extremidades y el cuello muy largo (y las orejas muy llamativas diría yo), y que come hojas, frutos y brotes de los arbustos apoyandose sólo en sus dos patas traseras, manteniendo un raro equilibrio. (He visto hacer esto mismo alguna vez a las cabras).
El avestruz somalí (Struthio camelus molybdophanes) que tiene las patas y el cuello de color ligeramente azul.

Todos estos animales parece que se han adaptado mejor a una dieta sin agua y es por eso que quizá se encuentren en mayor abundancia en las zonas más áridas de estos parajes. El resto de animales al depender más del agua para subsistir parece que prefieren las zonas más húmedas y están mejor representados en otras reservas o parques nacionales, aunque aquí me vi gratamente sorprendida de la cantidad de animales que pudimos ver. Depositar la vista en cualquier lugar del recorrido me escubría animales, unos nuevos para mi otros ya conocidos pero nunca observados en su medio natural. Es el caso, por ejemplo, de los leones, allí estaba un grupo de hembras a escasos 100 metros y dormían plácidamente sin inmutarse de los clics de los fotógrafos, como si fuéramos invisibles. Un poco más allá un grupo de elefantes daba cuenta de las hojas de las acacias, la verdad es que no sé cómo se las arreglan para no herirse con esos pinchos de por los menos 5 centímetros. Los búfalos recorrían la superficie con los pájaros picabueyes a sus espaldas, además de la gran cantidad de impalas y gacelas de Grant que pastando salpicaban muchos de los rincones en el recorrido. El antílope enano dik-dik siempre iba en parejitas y a veces se disimulaba muy bien entre los arbustos, también se veían muchos cobos de agua. Fue todo un acontecimiento cuando llegamos a ver a un leopardo que permanecía escondido tras un tronco de un árbol seco, no nos dio pie a más, porque enseguida de aburrise se fue. Imagen sorprendente la del guepardo que con la tripa hinflada y venciéndole la modorra descansaba bajo la sombra del único arbusto un poco alto del horizonte. Se había dado un atracón al parecer de un impala, éste quedó unos 500 metros atrás a merced de las águilas rapaces y volatineras y de los chacales de lomo negro que acudían a la improvisada invitación. Es la ley de la selva, unos tienen que morir para que otros vivan y además fui testigo de que aparte de no desperdiciarse nada, no transcurría mucho tiempo sin contemplarse la sucesión de acontecimientos.
Qué decir de las aves, esos pájaros nuevos y nunca antes observados que me ofreció Samburu, quizá el que me llamó más la atención fue el Calao de pico rojo, me enteré que es el pájaro representativo de Kenya. Muy abundante el estornino soberbio con esos colores tan llamativos y ese ojo tan blanco, no sólo estaba en las zonas de turistas sino que aparecía en cualquier sitio en mitad de la nada. Observé las rapaces muy fácilmente, posadas en cualquier árbol, su figura se recortaba en el horizonte y además no huían tan rápido como lo hacen por aquí, el porcentaje era muy elevado, había mucho que comer a diario.
Como mi nivel de apasionamiento veo que puede ir en aumento y no quiero abusar de pesada, simplemente voy a incluir un album de fotos de algo de lo que vi en Samburu por si a alguien le interesa. ASANTE SANA.


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