7 de julio de 2010

El río de mi vida. Arlanzón

7 julio 2010

río Arlanzón
Acuarela "plen air"
46 x 61 * papel Arches grano fino
Después de ver transcurrir los años y analizar las cosas con un poco más de perspectiva, te das cuenta de los hechos que han marcado de algún modo tu vida.Un río discurre calmo o tumultuoso a lo largo de su trayecto, como el discurrir de la vida. Mi río de la vida es el Arlanzón, en Burgos. Nací muy próxima a él, pasé la infancia escolar atravesándolo a diario y en temporada vacacional bañándome en sus aguas. Me quiso abrazar para sí y llevarme con él a conocer aguas más profundas en dos ocasiones. Lo impidió la vigilancia de algún extraño. Sucesos que calan hondo en el cerebro infantil y que aún hoy la sola presencia de aguas profundas provocan situaciones de pánico.

El río era el lugar de diversión y de expansión para la gente de la capital que acudía los domingos a sus orillas de ribera con la tortilla de patata, con la abuela y los niños. A la sombra de sus choperas. Allí jugabas, te bañabas en una poza con un flotador de neumático, pescabas cangrejos o pececillos con destino a un bote de cristal, hacías ramitos de flores, vivías intensamente. No había nada mejor para un domingo,... salvo la misa para los creyentes.

 A orillas del Arlanzón


Los campos a orillas del río entre los pueblos que discurren en su tramo más alto, San Medel, San Millán, Ibeas, tierras de Juarros, se dedicaban al pastoreo, el suelo era de alfombra trabajada durante años por las ovejas o por las vacas, apenas había maleza y en temporada, nos regalaba con setas, carrerillas y hongos principalmente, que hurtábamos sin miramientos al pastor. 


He vuelto al río regularmente y hoy después de tantos años, el río ofrece otra visión. Las campas han desaparecido, la vegetación arbustiva lo ha invadido, se fueron las vacas, se fueron las ovejas, se fueron muchos de los caminos que permitían recorrer a pie o en bici kilómetros de orilla. Su fueron las pozas del río donde bañarse, ya nadie se acerca a comer la tortilla con la familia, incluso aparecen carteles de prohibida la acampada.


Sí vinieron los científicos y becarios de Atapuerca a lavar en el mismo rio todo el material que recogen de las excavaciones en las campañas de verano. También se mantienen los amantes de la pesca que ahora reza en los carteles "sin muerte".

El otro día fui a pintar del natural mi río, quizá tantos recuerdos me inspiraron. Mis reproches a su semblante tan cambiado hicieron que se vengara con una legión de mosquitos implacables.

 

2 comentarios:

  1. BUENA ACUARELA!!!!!!!!!!Me gustan los grises ; verdes ,azulados ,la soltura del pincel ...todo eso...saludos..

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  2. Muchíííísimas gracias Agus, por tu comentario y tu visita. La verdad es que estoy empezando a disfrutar con la acuarela y a sufrir también.

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