12 de septiembre de 2010

La madre. Relato de una pérdida

12 septiembre 2010
Entró muerta al hospital, sin posibilidades, apenas le quedaba tiempo de lucha, era inminente su final. Aún así, como si se lo hubiera propuesto 10 años antes, cuando aún era ella, la madre consiguió reunirlos a todos, al marido y a los hijos que aún le quedaban vivos.
La madre dedicó su vida única y exclusivamente a atender a su esposo y a los hijos que fueron llegando, pausadamente cada dos o tres años, menos el último que se presentó por sorpresa cuando no se le esperaba. El más mimado.
La madre lo dio todo sin pedir nada a cambio y esos hijos fueron creciendo y fueron abandonando el nido con los distintos destinos que les ofreció la vida.
En las reuniones familiares, los hijos tomaban a broma sus primeros desvaríos, sus primeras ausencias. ¡qué cosas se le ocurrían a la madre! comentaban entre ellos. Ella, sin embargo, insistía en que le entraban en la casa y que le hurgaban en aquella cajita que reunía sus tesoros, una y otra vez volvía a insistir en que le cambiaban las cosas de lugar, como jugando al escondite con ella. No entendía por qué su esposo no le ponía remedio a aquella situación.
Poco a poco la madre fue olvidando las cosas, las caras, los nombres, se olvidó de si misma privándonos de su compañía y poco a poco se hizo cada vez más dependiente, como si hubiera agotado todo lo que tenía para dar y ya no había nada más, sólo podía ya vegetar con aquella sonrisa que nunca le faltó.

Los 10 largos años de dependencia, anclada a una silla de ruedas y de lento deterioro, se hicieron presentes en las conversaciones al pie de la cama del hospital. Allí acudieron de lejos y de más cerca todos los hijos, incluso los nietos, acompañando al padre y abuelo en aquellos momentos tan duros. Ella, la madre, se resistió a morirse tan pronto, todo para darles tiempo de hablar lo que nunca habían hablado, de conversar, de perdonar, de llorar, de reir, de conocerse mejor, de estar juntos como en los viejos tiempos. Sólo ella fue capaz de conseguirlo y una vez cumplido su objetivo decidió por fin morirse, para que fueran cumplidos sus deseos expresados en una carta que dejó, lacrada y escrita por ella, cuando aún era ella.

Descanse en paz,  mirando el Cantábrico desde lo alto del monte donde se forjó esa familia.

Mercedes: in memorian

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